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Introducción
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Bases ideológicas del anarquismo social, organizador y revolucionario
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El anarquismo y el marxismo ante la prueba de la experiencia revolucionaria
del siglo XX
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Perspectiva para una revolución social de inspiración anarquista
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Actitud de la I.F.A. frente al terrorismo, a las diferentes formas de
violencia, al "marginalismo" y a las manifestaciones "revolucionarias"
folklóricas.
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La organización de la economía en una sociedad anarquista
o durante la etapa de transición revolucionaria hacia la anarquía
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Dinámica tecnocientifíca de la producción en el plano
económico y social (papel de las multinacionales), en relación
con la lucha contra el capitalismo y el estado y la solidaridad de los
obreros en el mundo
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Perspectivas de transformación social y lucha anarquista
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Posición de los anarquistas sobre el movimiento obrero
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Aspectos de la dominación y la explotación mundiales
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Pacto asociativo de la Internacional de Federaciones Anarquistas
INTRODUCCION
Desde que las maquinaciones
del bloque autoritario en el seno de la Asociación Internacional
de los Trabajadores dieron al traste con los anhelos revolucionarios y
emancipadores de la clase obrera mundial, los antiautoritarios de todas
las latitudes han intentado coordinar sus esfuerzos para abatir el sistema
social existente de dominio y explotación.
En 1872, delegados de varios países se dieron cita en Saint-Imier
para celebrar un congreso que fijaría las líneas de acción
del anarquismo social y revolucionario: organización al margen
de la política burguesa, mediante la solidaridad de la acción
revolucionaria; todo poder político presuntamente revolucionario
es falso, por tanto hay que ir a la destrucción de cualquier clase
de poder político; pacto de solidaridad, amistad y apoyo mutuo;
la sociedad ha de fundarse en el trabajo y la libertad: libre organización
del trabajo contra las tiranías política y religiosa; todo
Estado es injusto y tiránico y debe ser sustituido por la libre
federación de los grupos productivos fundada en la solidaridad.
En el mes de julio de 1881 se celebró en Londres el que sería
el primer congreso anarquista internacional. Asistieron delegados de Africa,
América, Asia y Europa en representación de alrededor de
50.000 militantes anarquistas. Es un congreso clandestino. Se `parte de
los acuerdos de Saint-Imier y se trata, fundamentalmente, de dos asuntos:
la violencia revolucionaria y la creación de una organización
internacional específicamente anarquista. Si bien se llegó
a crear un organismo relacionador, la oleada de represiones gubernamentales
desatada en la época, impidió la celebración del
congreso que daría carta de naturaleza a la internacional anarquista.
Hasta 1907 no se pudo reunir otro congreso. Fue celebrado en Amsterdam
durante el mes de agosto. Convocados por los grupos belgas y holandeses,
acudieron delegados de América, Asia y Europa. Se habló,
sobre todo, de sindicalismo y de organización anarquista. Se tomaron
decisiones muy flexibles, con las que quedaba clara la realidad del anarquismo
en sus diferentes facetas. Se perfilaron dos grandes corrientes: la que
daba a la acción sindical preponderancia sobre las demás
acciones a emprender y la que, sin quitar importancia a la acción
obrera, declara que ésta es un medio para llegar a la anarquía,
nunca un fin en sí misma. Hubo unanimidad, en cambio, a la hora
de afirmar que anarquismo y organización son ideas complementarias.
Se llegó a la creación de la internacional anarquista con
una oficina de relaciones, con sede en Londres. Esta oficina desarrolló
su trabajo durante unos años. Tras la Primera Guerra Mundial y
el estallido de la Revolución de Octubre en Rusia, hubo otras reuniones
internacionales. Su corolario fue la reactivación en 1922 de la
Asociación Internacional de los Trabajadores, heredera de la Primera
Internacional y del Congreso de Saint-Imier. Diseñada como internacional
del sindicalismo revolucionario (anarcosindicalismo), su actividad llega
hasta nuestros días.
En plena Guerra Fría se llevaron a cabo otros intentos de organización
internacional estable. El congreso de Londres, celebrado el verano de
1958, reactiva las relaciones internacionales y, por medio de un boletín
interno de aparición frecuente, se intercambian opiniones entre
las diferentes federaciones anarquistas. De esta forma se organizará
el congreso de Carrara de 1968.
Marcado por la explosión del movimiento juvenil y por la represión
desatada tanto en el bloque capitalista como en el soviético, este
congreso supondrá el inicio de una organización universal
estable: la Internacional de Federaciones Anarquistas. Además de
los estatutos de dicha organización, el congreso debatirá
sobre una serie de asuntos: movimiento obrero, revoluciones del siglo
XX, bloques imperialistas, religiones, economía revolucionaria
Las bases ideológicas y orgánicas para el trabajo internacional
estaban aseguradas.
Las federaciones anarquistas se vuelven a dar cita en París en
1971. Si bien en este congreso no se llegó a conclusión
alguna, los debates resultaron reveladores de la problemática por
la que atravesaba el movimiento anarquista.
En 1978, y de nuevo en la ciudad de Carrara, se celebra otro congreso.
De él salen interesantes acuerdos sobre bases ideológicas,
cuestiones científicas en relación con la revolución,
el movimiento estudiantil, el terrorismo y el marginalismo.
París será otra vez, en el otoño de 1986, sede de
un nuevo congreso. Se debatió sobre los problemas del momento:
luchas de liberación nacional, política de bloques, militarización
y se trazaron las perspectivas de transformación social y lucha
anarquista.
En Valencia, en 1990, un congreso analizará la situación
mundial y tomará un acuerdo sobre la posición de los anarquistas
en el movimiento obrero, además de debatir cuestiones de organización
y redactar un nuevo pacto asociativo de la I.F.A.
El, hasta la fecha, último congreso, se celebró en Lyón
en 1997. Allí, entre otras cuestiones, se analizaron los mecanismos
de dominación y explotación mundiales.
Hemos seleccionado una serie de documentos de estos seis últimos
congresos, los propios de la I.F.A. El criterio ha sido elegir textos
que sean idóneos en las luchas actuales. No queremos decir con
esto que los que aquí no aparecen carezcan de utilidad; en absoluto.
Simplemente han sido superados por los acontecimientos o por otros acuerdos
posteriores. Por idéntica razón, hemos suprimido algunos
párrafos de los acuerdos publicados.
En cualquier caso, que nadie pretenda encontrar en estos textos recetas
magistrales. Los congresos anarquistas internacionales no determinan ninguna
línea fija y obligatoria. Son reuniones donde todo el mundo aporta
cuanto sabe y los acuerdos se toman por unanimidad.
Mayo
de 2000
[ inicio ]
BASES IDEOLOGICAS DEL ANARQUISMO SOCIAL,
ORGANIZADOR Y REVOLUCIONARIO
El Congreso Internacional
de Federaciones Anarquistas, confirmando la posición histórica
del movimiento anarquista organizado, tomada en la Conferencia de Saint-Imier,
y las resoluciones del Congreso de Carrara de 1968, tomando en consideración
las aportaciones de las Federaciones y de los grupos anarquistas adherentes
a la I.F.A., considera, después del estudio sobre las bases ideológicas,
tácticas y de organización establecidas por nuestros teóricos
(Bakunin, Kropotkin, Malatesta, Rocker y otros) históricamente
confirmadas por las experiencias de las luchas sociales y revolucionarias
de los pueblos y los trabajadores, particularmente por la Comuna de París,
la Revolución rusa y la Revolución española, son
valederas y de actualidad.
Estos principios son los siguientes:
- Negación de toda autoridad y de toda clase de poder.
- Negación de la jerarquía.
- Negación de las leyes jurídicas.
- Libertad, igualdad, solidaridad, justicia social, pacto libre, libre
iniciativa, ateísmo, antimilitarismo, internacionalismo, descentralización,
autonomía, federalismo, autogestión y comunismo libertario.
La negación de la autoridad y de toda clase de poder es el principio
esencial y el signo distintivo del anarquismo y del movimiento anarquista.
Los otros principios libertarios resultan de esta negación de la
autoridad y del poder.
El poder asume tres formas distintas en la sociedad actual:
- Poder económico representado por la propiedad y por el capital.
- Poder político expresado por el Estado, los partidos políticos
y los grupos de presión.
- Poder espiritual y moral ejercido por las religiones y las iglesias,
igualmente por todos los organismos e instrumentos de información,
de educación, de instrucción, de orientación y de
dominación espiritual, cultural y moral.
El poder, toda clase de poder, se traduce por la explotación del
hombre por el hombre y por la opresión del hombre por el hombre,
opresión y dominación material, espiritual, moral y también
física. Estas tres formas de poder están orgánicamente
ligadas entre si y a los privilegios que condicionan su existencia y de
los que, a su vez, derivan.
Por esta razón la posición social y revolucionaria del anarquismo
se expresa por la lucha irreductible contra todo privilegio, para la igualdad,
asegurada por la posesión social de las riquezas naturales, de
los medios de producción, de transporte, de intercambio y de reparto
de los productos frutos del trabajo colectivo, por la autogestión
de la vida social, política, económica y cultural.
La libertad, condición imprescindible para el funcionamiento normal
de todo organismo social y sano; la solidaridad garantizando la fuerza
por la unión y la justicia social: principios únicos de
una verdadera moral, determinan la estructura realmente viable de la futura
sociedad libre.
Los principios del anarquismo no sufren cambio alguno, afirman la incompatibilidad
del anarquismo con el marxismo, ya sea éste dogmático o
no, ya que no cuestiona la cadena lógica del pensamiento que, partiendo
de la teoría conduce a la practica o al reconocimiento del poder
estatal, así como todas las teorías autoritarias representadas
bajo una forma liberal, estos principios básicos del anarquismo
reafirmados, reconocemos la posibilidad de efectuar un nuevo análisis
anarquista, siguiendo las condiciones socio-económicas contemporáneas.
Este análisis, concebido como crítica anarquista y no como
crítica al anarquismo, puede enmarcarse en el cuadro siguiente
no limitativo: análisis diferente del siglo XIX, estimando la función
actual del Estado, de la composición y de las relaciones entre
las clases, de la evolución de la ciencia y de su vulgarización,
la función de esta última en el refuerzo de la alienación,
de la utilización de medios de comunicación de masas por
el Estado y los partidos políticos, de formas alternativas tendentes
a transformar la vida cotidiana.
La realización, la edificación y funcionamiento armonioso
de esta sociedad, no puede ser sino la obra de los hombres directamente
interesados, es decir de los individuos que por su situación social
o por motivaciones de carácter ideológico, son solidarios
con la clase trabajadora.
A la hora de escoger los medios de realización de las aspiraciones
a la emancipación total del hombre, el anarquismo social rechaza
el parlamentarismo y el reformismo. La emancipación social no podrá
ser alcanzada mas que por la acción directa sostenida que conduce
a la revolución social, es decir la transformación radical
de la sociedad y de todas sus estructuras.
La espontaneidad revolucionaria es un fenómeno natural y necesario,
pero una de las condiciones esenciales para la realización de la
meta final es la existencia de organización revolucionaria antes
y durante la revolución.
Esta necesidad exige la organización de fuerzas ideológicas,
la creación de grupos libertarios, territorialmente federados,
nacional e internacionalmente, de igual forma que la organización
de los trabajadores por ellos mismos, en la empresa, el taller, por profesiones
y ramos de producción, así como territorialmente a todos
los niveles.
(Carrara,
1978)
[ inicio ]
EL ANARQUISMO Y EL MARXISMO ANTE LA PRUEBA DE
LA EXPERIENCIA REVOLUCIONARIA DEL SIGLO XX
Preliminar.
- El desarrollo del tema, tanto en sus aspectos analíticos como
en los críticos, reclamaría un volumen y una extensión
que necesariamente habrían de rebasar los limites prudenciales
de un estudio-dictamen sometidos a discusión y elaboración
colectiva en un comicio anarquista.
Nos ceñiremos, pues, a algunos puntos que consideramos interesantes
y esenciales, por varios conceptos, situando el problema del anarquismo
y del marxismo y, por ende, del marxismo-leninismo, tras análisis,
teniendo en cuenta las realidades de nuestro siglo, de la experiencia
de las revoluciones más importantes habidas en su transcurso y
hasta nuestra fecha, e intentaremos hacerlo de la manera más objetiva
y sin detenernos largamente en honduras de disquisiciones doctrinales,
filosóficas e ideológicas.
El marxismo, desde Marx a nuestro tiempo, ha sido presentado por sus exégetas
con varias interpretaciones novedosas, con la pretensión de remozarlo
y de que pudiera mejor resistir al desgaste y a los impactos de la crítica.
El marxismo se ha visto obligado a retroceder en su absoluta concepción
mecanicista de la Historia, producto, en parte, de la abstrusa y contradictoria
filosofía hegeliana. Se ha visto obligado a hacer concesiones al
factor humano en la historia y al papel que juega en sentido voluntarista
y también a dorar, matizándolo superficialmente, su esquema
del homo faber y del hombre nuevo.
Pero entre las aportaciones novedosas al marxismo, después de la
exégesis de Plejanov, figuran los remedios de lo que se ha llamado
"leninismo", que representa todavía una interpretación
más rígida y más cerrada de lo que hay de jacobinismo
revolucionario en el marxismo. Si éste en sus orígenes acepta
al decaimiento de las formas de Estado y hasta su desaparición
en lontananza, el leninismo, a pesar de ciertas reticencias teóricas
en cuanto a la perdurabilidad del Estado, afirma y consolida la existencia
de éste, en forma sui generis de transitoriedad y su permanencia.
Y en la degradación estalinista la dictadura del proletariado,
en su manifestación estatal, es presentada como la "forma
más justa y poderosa del poder estatal que jamas haya existido".
Por principio el anarquismo, en su negación completa de la autoridad
y del Estado, sienta una afirmación vital y perenne de libertad
y de la necesidad de la construcción de una sociedad nueva basada
en ella.
Hace resurgir al hombre, al individuo libre, como elemento básico
y vital de la sociedad, fomentando un permanente movimiento renovador
que tiende constantemente a liberarla de toda superestructura ajena que
la envuelva, que sea extraña a sí misma y que dificulte
su desarrollo.
No hace de la economía un ente mitológico. La reduce a la
dimensión y a la escala del hombre y de la sociedad tal como racionalmente
pueden concebir en su evolución y fases más optimas de desenvolvimiento.
El anarquismo se subleva contra el determinismo mecanicista como motor
de la historia. Dando la importancia debida al materialismo histórico
y filosófico, mantiene la tesis de las autonomías esenciales
y funcionales, de la presencia de factores cuánticos oponiéndose
a la unicidad del pensamiento, de forma y de estructuras, no poniendo
punto final al progreso ni a la revolución y admitiendo la espontaneidad
y las mutaciones bruscas revolucionarias. Sostiene que la autoridad nunca
puede ser revolucionaria. Que puede cambiarse de tiranías y de
cadenas, pero que, aunque los tiranos y las dictaduras sean nuevas y nuevas
las cadenas, vivirán también encadenados los hombres.
El anarquismo es la insurrección y la rebeldía permanentes
y creadoras. Un caudal de energías renovadoras abriendo vía
y camino progresivo desbordando todos los diques de contención
políticos, sociales, económicos, étnicos, culturales,
ideológicos y filosóficos; barriendo todos los prejuicios
y convencionalismos; sacudiendo todo estancamiento y constituyendo una
revolución permanente demoledora y constructiva de su propio mundo,
en perenne mutación y floración.
Antagonismo fundamental
entre el marxismo-leninismo y el anarquismo
Para la burguesía
liberal y democrática, clase hoy dominante en los regímenes
capitalistas, el Estado es necesario. Para los absolutistas y las derechas
reaccionarias lo es también. Igualmente lo apuntalan los partidos
políticos de izquierda y de derecha al aspirar a gobernar y a ocupar
el poder, aunque sea por la plataforma de elección al sufragio
universal y la del parlamentarismo que conducen directamente a integrarse
al aparado estatal y a hacerse funcionarios de sus diversos engranajes.
Para los marxistas-leninistas también el Estado, aún adoptando
la adjetivación de "proletario" o "popular",
representa una necesidad, si bien admiten su carácter transitorio,
por tiempo indeterminado; y aunque con la denominación de "Estado
democrático popular", esa etapa transitoria se convierte en
"dictadura del proletariado", o sea, de hecho, en dictadura
del Partido Comunista único, trasformándose éste
en "dirigente" y en poder permanente, por encima de la sociedad,
de todas las demás organizaciones sociales y sindicales y ejerciendo
el papel de dueño, de inspector y de observador de todos los organismos,
del aparato represivo, de las fuerzas armadas y policiales, etc.
Sólo el sindicalismo revolucionario y el anarquismo niegan de plano
y la necesidad del Estado, del gobierno, del parlamentarismo. Por parte
del anarquismo la negación de la autoridad, su rechazo, su posición
antagónica frente a ella es total, radical, absoluta, bajo forma
y carácter que se presente, en todo tiempo y aún durante
los periodos revolucionarios y los llamados de "transición".
El Estado, como institución, no ha existido, como se sabe, en todos
los tiempos. El Estado moderno ha emergido con el hundimiento de los regímenes
feudales y el desarrollo del sistema burgués y capitalista, de
sus estructuras económicas, de la propiedad privada, de sus instituciones
jurídicas, de las ideologías burguesas y de la moral basada
en el respeto a la ley, de la desigualdad de clases, pero sobre todo de
la propensión al poder, al autoritarismo y a su centralización.
La supresión del poder-autoridad es indispensable para la liberación
de la sociedad, para su desenvolvimiento. Lo es para la libertad del hombre.
Aún admitida la premisa equívoca de que el poder fuera de
todos, del pueblo, para que no se reconstituyera, nadie debería
disponer de él sobre su semejante, ni por consentimiento de éste,
ni por delegación temporal, ni nadie debería abdicar de
su parte ante nadie. Menos equívoca, más clara, es la formula
anarquista: nada de Autoridad, nada de Gobierno, inexistencia de poder-mando,
del Estado, lo que significa, de hecho, ausencia de toda coerción,
de toda opresión y de toda explotación.
Ninguna revolución
hasta la fecha ha suprimido el Estado, el poder
La realidad histórica
demuestra que ni la Revolución inglesa, con Cromwell, ni la Revolución
francesa de 1789-93, ni la de 1848, ni la Revolución mexicana de
1910, ni la Revolución rusa de 1917, ni las revoluciones de los
países del Este llamados de "democracia popular", ni
la Revolución china, ni la Revolución cubana, ni la misma
Revolución española de 1936-1939, han suprimido ni abolido
el Estado-poder.
Las corrientes revolucionarias anti-estatales y anarquistas en esos países
en medio de esas grandes conmociones históricas, han sido minoritarias,
aún allí donde han tenido más fuerza e incremento
los anarquistas. No han podido ejercer una influencia decisiva por causas
complejas. Y menos cuando no han querido caer, como se da el caso en la
Revolución española, en la tentación dictatorial
ni dejarse encerrar en el círculo autoritario.
Los marxistas-leninistas (incluidos maoístas y trotskistas), en
cambio, aunque ello supone su condenación irremediable ante el
porvenir que, pese a todo, será de libertad por ser ésta
una necesidad biológica, ética y esencial en el hombre,
en el individuo y vital en la sociedad, aplicando sus métodos autoritarios
han conseguido un triunfo de poder transitorio, no de revolución,
que les ha llevado a la instauración de la dictadura sobre cada
pueblo en que se han adueñado de las riendas del Estado y sobre
el proletariado y los trabajadores. Éstos siguen siendo clase dominada,
sometida, divididos en categorías y controlados por la nueva clase
dirigente a través de la omnipotencia de los partidos comunistas
y de las minorías que los dirigen, condicionan y manipulan, teniendo
en sus manos en esos países llamados de democracia popular socialista
y comunista, todos los resortes claves de dominación y encuadramiento.
A grandes rasgos, como definición de cada una de las más
importantes revoluciones producidas en nuestro siglo, llegamos a la siguiente
síntesis:
La Revolución
rusa
La Revolución rusa, con todo lo que pueda representar de paso adelante
dado bajo el impulso del pueblo ruso alzado contra la tiranía zarista
y sus estructuras, es una revolución traicionada por el marxismo-leninismo
y su excrecencia del más feroz y exacerbado jacobinismo.
En la U.R.S.S. existe un super-Estado todopoderoso. El Estado interviene
en todo. En la U.R.S.S. existe la desigualdad. También el asalariado
y las diferencias de salario: las categorías salariales.
En la U.R.S.S. existe el dinero. La compra y la venta. El mercado acaparado
por el Estado.
En la U.R.S.S. existe la propiedad estatal. La sola excepción de
los koljoses, con relativa autonomía, no hace la regla.
El monopolio de la producción se halla en manos de los cuadros
del Partido. La planificación es estatal. Las finanzas las monopoliza
el Estado.
En la U.R.S.S. el poder lo ejerce la "nueva clase": el Partido
Comunista, no el pueblo ni tampoco la clase obrera ni las masas populares.
Y este poder es la dictadura del Partido Comunista sobre todos los demás.
A través de la experiencia de la Revolución rusa se puede
afirmar que, en la practica, el marxismo-leninismo ha degenerado en un
absolutismo ideológico y en un sistema concentrado político-económico.
La revolución
marxista-leninista en los países satélites
Las "democracias
populares", inspirándose del marxismo-leninismo, con relación
a la U.R.S.S., como se da el caso en Polonia, Hungría, Bulgaria,
Alemania del Este, Rumania, Checoslovaquia - ésta a pesar de su
evolución reciente - y la misma Albania, presentan pocas variantes,
en lo esencial del sistema, de los métodos, de las estructuras
y de la vertebración autoritaria de que es modelo tipo el llamado
país de los soviets.
La "democracia popular", la "democracia revolucionaria",
como la "democracia burguesa" o, simplemente, la "democracia"
sin adjetivo, tiene un vicio de origen y un punto esencial común:
cracia, es decir, autoridad, Estado, gobierno. Sea la autoridad blanca,
roja, negra, azul, del color que fuere, es autoridad, negación
o limitación de la libertad; algo absoluta y fundamentalmente incompatible
con la anarquía, como lo es el Estado, no importa como se denomine,
y algo igualmente incompatible con el socialismo de libertad y con el
comunismo libertario.
La Revolución
yugoslava
Del caso de Yugoslavia
se ha querido por algunos hacer mención aparte en el contexto del
marxismo-leninismo. Pero si es cierto que en Yugoslavia existe un mecanismo
estructural y funcional menos rígido, no por eso deja de tener
el defecto común de ser profundamente autoritario.
Existe, sí, la autogestión en las empresas de producción,
pero bajo la inspección estatal y sin poder salirse del mecanismo
de Estado y de economía estatal planificada.
Puede comprobarse claramente que, a través de los comités
populares, de la Constitución, de las leyes existentes y de la
reglamentación y procedimientos que se aplican, hay una mayor integración
de las masas al mecanismo gestor del Estado, alienándolas, y una
centralización burocrática que, de forma centrífuga,
absorbe poco a poco la autonomía local y encuadra la gestión
de las empresas y organismos económicos.
El dominio reservado y superior del Estado desarrolla el poder efectivo
de éste último sobre los demás organismos y la Federación
entera. La autogestión está sujeta a caución y dependencia.
Y confiesan los propios gobernantes yugoslavos que todavía existen
en ese país injusticias patentes.
La Revolución
china
Bajo el impulso maoísta
y a la vez la inspiración nacionalista y marxista-leninista, y
en la que predomina el elemento campesino como fuerza de masa potencial,
apoyando a los "dirigentes" -en el fondo bastante pragmáticos
a pesar de su barniz marxista- adolecen de taras parecidas a las de la
Revolución rusa.
La estructura del poder estatal ha seguido, bajo la dirección guerrera
y dictatorial, un proceso autoritario y centralizador incontestable. La
comuna autónoma ha sido sacrificada. Y la burocracia de los llamados
"comités revolucionarios", aún a través
de la "revolución cultural", ha extendido las redes autoritarias
locales, provinciales y centrales. China es un país "civilmente"
militarizado. El Partido Comunista, desmembrado por sus mismas luchas
intestinas, ha perdido influencia. El fraccionalismo armado más
o menos vinculado al "maoísmo", es el que predomina por
ahora. Cuadros "activistas" nuevos y representantes del ejército,
poco permeados por el marxismo ortodoxo, preparan sus escaladas al poder.
La Revolución china, considerada como revolución social
y emancipadora, es también una revolución abortada.
La Revolución
cubana
La Revolución
cubana no es una revolución de inspiración marxista-leninista
en su inicio como tampoco lo fue la revolución mexicana de 1910.
Pero la Revolución cubana, en parte propiciada por elementos de
formación más o menos pequeño burguesa y nacionalista,
poco a poco ha caído en la órbita teórica del marxismo-leninismo,
sin verse totalmente absorbida por él.
El Movimiento del 26 de Julio, con Castro a la cabeza, junto con Cienfuegos,
Che Guevara y otros, tiene más poder y dinámica revolucionaria
que el Partido Comunista cubano. Pero la Revolución cubana está
infectada también por el virus autoritario. Diversas circunstancias
han influido en la implantación de un marxismo-leninismo heterodoxo
en Cuba, aún así, la mentalidad y la psicología cubana
son bastante reacias a asimilar las tesis y las dosis doctrinales específicamente
marxistas.
La revolución cubana es una revolución de más pan
y de más libertad, impulsada por una minoría desde la cúspide,
en cuyas directivas han hallado eco entre el campesinado y entre las capas
populares. Es una revolución bastante pragmática, sobre
un fondo autoritario y en cierto modo "paternalista". Ella puede
difícilmente desembocar en la emancipación efectiva del
pueblo y de la clase trabajadora cubana.
Ni el sindicato, ni los trabajadores industriales y campesinos organizados
tienen una influencia determinante en Cuba. La dictadura del castrismo,
que no puede ejercerse en nombre del proletariado, es la que dispone de
todos los resortes autoritarios en el país y la economía
se halla en sus manos, siendo sujeta, por otra parte, a vaivenes y dependencias
de la fluctuación internacional. Hoy en día la economía
cubana es principalmente tributaria de la U.R.S.S.
En Cuba existen también las diferencias de salarios, aunque no
tan importantes como en la U.R.S.S. y en otros países satélites
entre las categorías salariales.
Cuba es un régimen estatal, bajo la dependencia de una minoría,
a pesar de que, al parecer, quiere defenderse de la plaga parasitaria
de la burocracia.
El poder local en Cuba no es autónomo. Y se halla viciado también
por un mecanismo "activista" que reduce, inspecciona y monopoliza
sus funciones.
No obstante, Cuba es un país más permeable a las teorías
y experimentaciones de tipo comunista libertario que lo son la U.R.S.S.
y países satélites.
La Revolución
española
La Revolución
española de1936-1939 es la revolución de mayor contenido,
sentido y significación libertarias de las que se han producido
en el siglo XX, y podríamos decir, sin exageración, en el
curso de la historia. Lo es ya como lucha consciente de un pueblo y de
la clase trabajadora organizada por su independencia y contra el fascismo.
Lo es por la orientación y finalidad que se la imprime desde abajo
y por la realización directa del pueblo de un tipo netamente libertario,
por los organismos que crea, como las colectividades y las socializaciones,
al margen del Estado. Lo es por la toma de posesión de las tierras,
de las fabricas, de los instrumentos de trabajo. Por la organización
de una economía en manos de los trabajadores. Por la autogestión
en fábricas y talleres, en el campo, en los servicios de transportes
y comunicaciones, etc. Por la organización no comercializada del
intercambio de productos, abastecimiento y consumo. Por la creación,
de hecho, de la comuna autónoma local. Por la federación
de ellas de común acuerdo. Lo es por el federalismo funcional de
organismos e instituciones, desvinculadas del Estado. Lo es por la abolición
de la propiedad privada, hecha efectiva en muchas partes. Lo es en fin
por la responsabilidad directa que asume la organización sindical
de los trabajadores aliados C.N.T.-U.G.T. independientemente del Estado
y de los partidos políticos en la autogestión, administración
y funcionamiento de los órganos más vitales de la sociedad.
La Revolución española adquiere este carácter libertario
y esa responsabilidad revolucionaria social verdadera debido principalmente
a la densidad de penetración y de saturación anarquista
en el pueblo español y en la parte más dinámica y
consciente del proletariado organizado en la Confederación Nacional
del Trabajo, organización sindicalista revolucionaria, federalista,
anti-estatal y de finalidad comunista libertaria y debido a la presencia
activa de la Federación Anarquista Ibérica, del movimiento
libertario español y de los anarquistas y simpatizantes en general.
Pero así como la C.N.T. y la F.A.I. se esforzaban en imprimir carácter
y contenido fundamentalmente libertario a la Revolución española,
los partidos políticos hacían todo lo posible para frenarla,
y el Partido Comunista para sabotearla.
Los partidos, republicanos y democráticos, incluido el Partido
Socialista Obrero Español, no querían ir más lejos
de una revolución de signo pequeño-burgués. El Partido
Comunista por otra parte, viendo que no podía controlar la revolución,
ni darle un carácter marxista-leninista, cosa que tampoco le interesaba
a la U.R.S.S. en aquella coyuntura histórica, se dedicaron a destrozar
las realizaciones colectivistas y a revalorizar los organismos estatales
que el impulso revolucionario popular había quebrantado y que todavía
se hallaban en pie.
La Unión General de Trabajadores, central sindical reformista,
influida por los socialistas, por su parte seguía reticente a las
audacias e iniciativas revolucionarias de la C.N.T. encaminadas a una
transformación social efectiva. Eran más bien los propios
obreros de la U.G.T., que prescindiendo de las consignas oficiales de
los dirigentes ugetistas, secundaban con cierto entusiasmo las iniciativas
de la C.N.T. No obstante, el anarquismo, el anarcosindicalismo, no llegó
nunca en España, a pesar de su potencialidad, a poder ser una fuerza
determinante para que la revolución pudiera triunfar.
Lo realizado por la Revolución española, bajo el impulso
del anarcosindicalismo y de la parte más dinámica de los
trabajadores y del pueblo español, en materia social, económica,
cultural y de organización básica de la nueva sociedad,
tiene profunda significación libertaria y deja huella indeleble
en la Historia. Es una cantera de estudio y de reflexión para todos
los revolucionarios sinceros.
La Revolución española no pudo dar toda la medida de sí
misma. Le faltó tiempo material. Fue aplastada, aunque no vencida,
por la cruzada reaccionaria y el fascismo internacional, antes de que
pudiera adquirir mayor volumen y extensión y dar frutos más
maduros.
La Revolución española es la que ha tenido menos densidad
autoritaria gracias al potente movimiento de la C.N.T. y de la F.A.I.,
de los anarquistas organizados, gracias a su dinámica de actuación,
a su sentido realista (sin dejar de incurrir en algunos errores, en parte
explicables), influyendo en las masas populares y estimulándolas
en la gestión directa de la economía y de la vida social,
en las nuevas formas sociales de convivencia libre y solidaria.
La Revolución española no ha adquirido carácter jacobino
o totalitario marxista-leninista, sobre todo a causa de la presencia y
de la acción del movimiento libertario español y de su enfrentamiento
constante con el Partido Comunista.
La Revolución española, aún subsistente el Estado
republicano en la zona geográfica de España libre de las
garras del fascismo, es una revolución que tiende a la anulación
del Estado, a la instauración de una sociedad de productores libres,
administrada directamente por los trabajadores, por sí mismos,
sin exclusivas directivas o dirigentes de partidos, sin el totalitarismo
de un partido único y sin una dictadura transitoria a base de él
o de otros. Tanto en la finalidad, como en la plasmación real y
su orientación, la Revolución española va más
allá de lo que fue y significa histórica, social y revolucionariamente
la propia Comuna de París de 1871 y cuantas revoluciones posteriores
se han producido.
La Revolución española es una revolución inacabada
y latente, que conservará perennemente sus características
singularmente originales y su sentido profundo libertario.
La defensa de
la revolución
La defensa de la
revolución no debe ser cosa exclusiva del proletariado revolucionario
estableciendo una dictadura. Ella ha de interesar a todo el pueblo y a
él debe ser confiada. De esa defensa, se quiera o no se quiera,
se manifestará, naturalmente, el papel de cada una de las fuerzas
o minorías revolucionarias más activas y capaces de hacer
sentir su presencia. La eliminación de las mismas por la más
potente, con miras a la obtención y al monopolio del poder revolucionario
exclusivista, originará siempre el quebrantamiento del impulso
revolucionario verdadero; el debilitamiento de la acción directa
masiva popular y, por otra parte, desencadenará las luchas intestinas
más feroces, la marcha galopante hacia la dictadura. Una revolución,
para ser tal y salvarse, sin frustraciones ni retrocesos, debe evitar
la creación del poder político, de la dictadura transitoria
y de la institucionalización de los mismos.
La existencia de las minorías revolucionarias debe ser respetada
y llegarse a una coexistencia sobre el convenio formal de supresión
de todo poder, autoridad u organismo estatal y de gobierno.
La revolución social, para ser revolución social verdaderamente
transformadora y emancipadora, que termine con las diferencias de clase,
con la esclavitud económica y con la opresión política,
debe arrancar de esta premisa esencial. El postulado axiomático
anarquista de que la existencia de la autoridad es la antítesis
de la libertad, tuvo ayer, tiene hoy y tendrá mañana validez
permanente.
Toda revolución que tenga que recurrir a la dictadura o al poder
estatal para manifestarse, será ahogada o degenerará.
¿Ejército
o pueblo en armas?
Lo mismo para un
pueblo que para una revolución, aunque parezca paradójico,
la amenaza mayor constituye su llamado aparato de defensa, si éste
es el ejército. El ejército, si no lo utiliza directamente
o por vía interpuesta, tiene los resortes de un poder permanente
en potencia. Su subordinación al aparato civil dominante es de
circunstancia y nunca incondicional. Y detrás del ejército
asomará siempre el perfil del dictador, siendo el dictador muchas
veces teledirigido por conocidas u oscuras fuerzas o grupos de presión
financiera o por coaliciones de poder enarbolando estandartes de ideologías
fascistas, "patrióticas", racistas o "revolucionarias".
Toda democracia sucumbe finalmente, en los momentos cruciales y difíciles,
bajo la bota del golpismo militar. Toda revolución ha de chocar
y de enfrentarse a lo largo de la historia con el ejército y la
fuerza armada, con el aparato represivo estatal o dictatorial. Perdurará
en la U.R.S.S. y en China más el ejército que el proprio
Partido Comunista. Y los golpes contrarrevolucionarios -no decimos contra-totalitarios-
lo mismo en esos que en otros países, vendrán de mandos
militares coaligados, tan peligrosos para el pueblo, para los trabajadores
y para las libertades humanas, como las mismas "direcciones colegiales
ejecutivas" de los partidos marxistas-leninistas.
El ejército "popular", profesional y permanente, sus
cuadros en activo o en reserva, constituyen siempre una emergencia autoritaria,
un dispositivo de poder generador de prepotencia liberticida. Pueblo que
tenga formado un ejército nunca podrá considerar seguras
ni garantizadas sus libertades.
Si los marxistas-leninistas exaltan las virtudes del ejército "popular",
los anarquistas no podemos hacerles coro. Debemos rechazar toda forma
de ejército, toda militarización, aunque se llame revolucionaria.
Debemos rechazar sistemáticamente las estructuras militares o paramilitares.
En las milicias populares civiles armadas, no permanentes, las guerrillas
de voluntarios, los grupos o comités de defensa y de vigilancia,
bajo la vigilancia directa de los trabajadores y constituidos por ellos
sin estructuras contradictorias, pueden responder a las necesidades de
defensa armada de la revolución y contra el "golpismo"
contrarrevolucionario, sin perder de vista nunca que, aún así,
no pueden dejar de ser consideradas como un mal menor.
La misma formula vaga de "pueblo en armas" hará comprensible
que la revolución no se halla consolidada ni segura. Solo estará
cuando el pueblo pueda vivir libre y en paz y armonía, sin estamentos
armados que los defiendan, por ser él consciente y efectivamente
capaz de defenderse por sí mismo de todo enemigo interior y exterior.
Relatividad de
la eficacia
Frente a los anarquistas,
los marxistas-leninistas, ante lo que consideran un triunfo de sus métodos
en la U.R.S.S. y en otras partes, esgrimen el argumento de la validez
y de la superioridad de los mismos, de su eficacia, desde el punto de
vista revolucionario.
Los anarquistas, aseveran, no han ganado ninguna revolución. Sus
métodos de lucha son infantiles. Nosotros, dicen, podemos presentar
los ejemplos de una revolución triunfante en la U.R.S.S., gracias
sobre todo al Partido Comunista y a su papel de dirigente.
Este argumento es falso. Primero, porque la revolución rusa no
es la obra exclusiva del Partido Comunista, sino del pueblo ruso. Segundo,
porque el Partido Comunista se ha impuesto al pueblo con su dictadura.
Tercero, porque el triunfo es del Partido Comunista estrangulando a la
revolución rusa popular y encadenando de nuevo al pueblo, después
de haber abatido el zarismo.
Nadie puede afirmar seriamente que el marxismo-leninismo haya liberado
el pueblo ruso ni al ciudadano ruso.
A la distancia de cincuenta años de su triunfo, el Partido Comunista
no ha podido todavía reconocer algunas libertades esenciales y
derechos elementales reconocidos hasta en los mismos regímenes
estatales y capitalistas, como por ejemplo, la libre expresión
del pensamiento, el derecho de asociación libre, el de reunión,
el de propaganda, etc.
La eficacia de los métodos marxistas-leninistas-estalinistas, desde
el punto de vista de la Libertad y del respeto a la personalidad humana,
después de cincuenta años de experiencia real marxista-leninista-estalinista,
queda desmentida prácticamente.
El anarquismo, es cierto, no ha triunfado aún en ningún
país, pero no puede triunfar si el pueblo y el individuo no triunfan,
si los hombres y la sociedad no se liberan por sí mismo y demuestran
su capacidad, su aptitud y su voluntad de ser libres y, por tanto, no
podría achacársele fracaso semejante.
La experiencia de la eficacia de los métodos de libertad preconizados
por el anarquismo, el valor de los mismos en sus aplicaciones parciales,
reales y practicas, allí donde se han ensayado, en condiciones
ambientales aún no suficiente maduras para una plena y vasta experimentación
anárquica popular, manifestándose conscientemente y de manera
espontanea, no dirigida, queda intacta. Su valor permanente representa
una promesa y una esperanza, una confianza, también sobre el devenir
humano y sobre un porvenir formado y forjado por la razón, la consciencia,
la ciencia, la capacidad, el equilibrio sano y vital del hombre integralmente
considerado, dueño de sí mismo y de su destino, de las propias
revoluciones que desencadena, de las transformaciones que crea, y no mecanismo
o autómata de las fuerzas ciegas y fatales, de los mitos o de las
instituciones, de las estructuras esclavistas y autoritarias que hasta
hay han predominado en la historia e impedido a la humanidad vivir en
paz, libre y feliz, en medio de la abundancia y practicando la solidaridad
y el apoyo mutuo.
Marxismo y anarquismo
Es necesario puntualizar
que el anarquismo y el marxismo son diferentes y totalmente opuestos desde
sus orígenes, no pudiéndose plantear un marxismo bueno con
el que podríamos encontrar alianzas y lugares comunes. La aplicación
actual del marxismo no es ninguna desviación, es la realidad del
marxismo.
Por su carencia de nueva moral y su destrucción del individuo en
beneficio de una clase privilegiada, el marxismo es incapaz de ofrecer
soluciones válidas a la humanidad. El anarquismo en su universalidad,
posee una economía, una política y una moral que le caracterizan.
Querer mezclar el marxismo y el anarquismo es desconocer profundamente
el anarquismo.
En este sentido, no concebimos ninguna similitud entre el anarquismo y
el marxismo.
Conclusiones
El marxismo ha contribuido,
sin duda, a la crítica de la economía y de la sociedad burguesa,
política y jurídica, de lo que no tiene la exclusiva, pues
otros críticos no marxistas, entre ellos los llamados socialistas
utópicos y los pensadores y sociólogos anarquistas y de
otras escuelas, han contribuido también seriamente a ella e incluso
algunos se han anticipado a Marx y a Engels y, naturalmente, al mismo
Lenin, en esa critica y en la formulación de algunas de las teorías
de las cuales el mismo marxismo se ha apropiado o desarrollado. Pero el
marxismo, aún dentro de su crítica al régimen burgués,
ha contribuido a levantar el culto de la economía política,
deus ex machina para él, del desarrollo de la Historia, despreciando
el factor humano y subordinándolo al mecanismo y al determinismo
fatalista de las fuerzas económicas.
El marxismo-leninismo-estalinismo ha sido un destructor de "ideologías"
para convertirse, en la practica, en un monopolizador de un super-monismo
ideológico permanente y estereotipado.
El marxismo ha sido incapaz de crear, de formar, de engendrar, de cimentar,
de definir, y de hacer vivir nuevos valores humanos de libertad, de dignidad
individual, de ética libre, sin sanción ni obligación,
de humanismo solidario y de convivencia social sin autoridad.
¿Se puede hablar de bancarrota y de fracaso del marxismo-leninismo?
Desde el punto de vista revolucionario de instauración del socialismo
y del comunismo por medio de la "dictadura del proletariado"
y del ejercicio del poder o gobierno por los marxistas leninistas, la
respuesta es afirmativa. Su fracaso es rotundo.
Ni los métodos, ni las tácticas, ni la estrategia marxista-leninista,
ni su línea de conducta, ni sus esquemas y fundamentos doctrinales
conducen al socialismo ni al comunismo libres ni a la liberación
efectiva de los hombres y de los pueblos. Su fracaso es tan patente y
evidente como el de la social-democracia reformista y de la democracia
burguesa para crear una sociedad justa y libre de respeto total a la personalidad
humana y de dignificación del individuo.
El anarquismo sigue y seguirá asumiendo, cara al porvenir, un papel
considerable y trascendente dentro de la Humanidad y en las transformaciones
y revoluciones sociales del futuro.
El anarquismo, sin ignorar las influencias del materialismo histórico,
coloca al hombre como factor primordial y esencial de su proprio destino
individual y social como impulsor y motor de la Historia. Como ser pensante
y consciente, como voluntad actuante, como poder transformador, en biología
social, para crear su proprio medio, con los recursos de la Naturaleza
de que dispone, con la utilización y transformación de los
mismos, por medio de su esfuerzo y de su trabajo, de su saber, de su técnica
y de su ciencia, apoyándose en una nueva moral humanista y solidaria
e imprimiendo al desarrollo histórico su intenso ritmo voluntarista
avivándolo con sus propias fuentes de inspiración y plasmando
en lo real las formas modélicas de las nuevas estructuras sociales
perfectibles, siempre en progresión ascendente hacia el más
allá ilimitado de bienestar y armonía universal.
Pero el error más fuerte de los anarquistas sería adormecerse
o detenerse sobre la marcha; perder su combatividad de luchadores por
la libertad; dejar mellar su voluntarismo revolucionario y desconocer
el valor ofensivo, defensivo y creador del movimiento anarquista en acción
permanente, de la organización federativa y autónoma específicamente
anárquica, del impulso individual y colectivo mancomunado en un
medio ambiente anárquico o por anarquizar.
Los anarquistas han de manifestarse en el presente y en el futuro con
mayor impulso y energía anárquicos, para hacer frente a
las realidades nuevas, a la vanguardia de todos los otros movimientos
revolucionarios, dando pruebas constantes de su capacidad constructiva
y fieles eficazmente a los principios fundamentales del anarquismo, que
tiene valor actual y perenne.
Solo así los anarquistas estaremos a la altura del gran papel histórico
llamado a jugar por el anarquismo militante. Solo así contribuiremos
a que sea realidad la aguda, lúcida y esperanzadora profecía
de Bovio: "Anárquico es el pensamiento y hacia la anarquía
va la historia". Que esto sea realidad en la humanidad y en el tiempo,
depende principalmente de los propios anarquistas y de su permanente e
incesante acción y esfuerzo anárquico en los días
venideros.
(Carrara,
1968)
[ inicio ]
PERSPECTIVA PARA UNA REVOLUCION SOCIAL
DE INSPIRACION ANARQUISTA
El sindicalismo contemporáneo y el anarquismo
El sindicalismo actual
en el mundo entero (excepción hecha del anarcosindicalismo y como
ejemplo la C.N.T. de España), se ha convertido en una estructura
de integración al sistema capitalista, privado o estatal: Correa
de transmisión de los partidos políticos (Francia, España,
Italia), engranaje estatal (países del Este y Escandinavia), corporativo
sin perspectivas generales ni siquiera reformistas (USA), o las tres opciones
a la vez como en Alemania.
La finalidad de los anarquistas es la revolución social y el comunismo
anarquista, utilizando la acción directa antiparlamentaria y el
federalismo autogestionario.
Las comunidades
y las cooperativas rurales y urbanas
en el marco de la sociedad actual y su cometido.
La filosofía
y la acción revolucionaria anarquistas tienen por finalidad la
liberación del individuo y la emancipación de la humanidad.
Existen dentro de nuestra sociedad, dos fenómenos que forman parte
de la expresión y de la acción libertaria: las comunidades
y las cooperativas.
- Las comunidades libertarias buscan la forma de suprimir las relaciones
autoritarias entre los individuos sobre el plano afectivo y humano.
- Las cooperativas están limitadas a la producción y al
reparto de bienes de consumo. Se conocen dos formas:
a) Las cooperativas del siglo pasado, por ejemplo los falansterios, creadas
con el fin de intentar esbozos de socialismo libertario, han degenerado
por una burocratización interna impuesta por el medio capitalista
que finaliza por digerirlas.
b) Hoy día, en ciertos casos, los trabajadores están forzados
en crear una cooperativa con el fin de salvaguardar sus empleos. Con esta
situación, el carácter tomado por el fenómeno cooperativista,
puede ir de la autogestión hasta la burocracia la más compleja,
pasando por la convivencia de los dos aspectos.
Es importante demostrar la convergencia entre esos dos fenómenos
sociales cuyos límites no son estrictos y se barajan con frecuencia.
Las cooperativas y las comunidades demuestran que la anarquía no
es una utopía, sino que es viable, en el plano de las relaciones
entre individuos, como en el de relaciones de producción. Por consiguiente
esas cooperativas y esas comunidades son interesantes como valor de ejemplo
y permiten a algunos sustraerse temporalmente de una parte de nuestra
opresión cotidiana. Estos islotes de libertad y de igualdad, no
derrumbarán ellos solos la sociedad capitalista y estatal, que
han sabido y en el transcurso de la historia y por varias veces, dejarlas
vivir, cuando éstas no las han puesto en peligro.
Evidentemente, por el hecho de poner en causa la autoridad, las tentativas
comunitarias y cooperativistas son molestas para el poder del capital
y del Estado, por ello nuestros opresores harán todo lo que puedan
para destruirlas o bien integrarlas en sus ruedas jerárquicas.
Estas formas de liberación precaria y parcial no hacen de la economía
de una revolución social, que queda como el primer puntal indispensable
a nuestra emancipación. No condenamos las cooperativas y las comunidades,
se puede comprender que anarquistas participen en ellas, pero su presencia,
aún muy desarrollada, no bastará para concretar nuestro
ideal. Estos intentos libertarios no son incompatibles con la penetración
del anarquismo social en el movimiento obrero, condición indispensable
de la revolución social y total.
La juventud y
los estudiantes (moción sobre la educación)
La cultura actual,
para nosotros anarquistas adheridos a la I.F.A., es la expresión
y el principal vehículo de los valores morales e intelectuales
de la clase dominante. A estas estructuras autoritarias y represivas,
los anarquistas proponemos ciertas críticas y ejes de lucha frente
a la educación y a la escuela.
La escuela, además del sistema selectivo (favoreciendo a los jóvenes
de la burguesía) tiende a servir de vía muerta para los
jóvenes que esperan incorporarse al trabajo.
La sociedad, por conducto de la familia y de la escuela, moldea al individuo
a fin de inculcarle el reflejo de obediencia que aumentarán y utilizarán
posteriormente el ejército y la fábrica.
Partiendo de este análisis, la Internacional de Federaciones Anarquistas:
- Estimula las iniciativas de la lucha radical para contrarrestar la función
y la estructura de la escuela, desechando particularmente su contenido
ideológico, la separación entre la escuela y el trabajo,
la limitación, a un período de la vida y a una minoría,
de la instrucción.
- Preconiza el desarrollo de una cultura específicamente anarquista.
Sobre los problemas
de las mujeres y su movimiento
La Internacional
de Federaciones Anarquistas apoya la rebelión de las mujeres porque
entre los movimientos de protesta, éstas llevan una parte muy importante
de la potencialidad libertaria. Por la doble opresión que a las
mujeres se les impone en nuestra sociedad -explotación económica
y dominación falocrática- sus luchas ponen en evidencia
lo nefasto de las bases fundamentales de la sociedad dominadora:
- El patriarcado y su corolario, la estructura familiar.
- La educación.
- La sexualidad.
La I.F.A. incita al conjunto de sus militantes a emprender una intensa
actividad para impulsar una toma de conciencia poniendo en tela de juicio
la sociedad desde una óptica libertaria. La I.F.A. demanda un trabajo
real por todos los grupos federados, de los problemas fundamentales que
plantean las mujeres a través de sus luchas; la I.F.A. no relega
a un segundo plano el problema de la mujer y no se conformará con
una discusión teórica sin una aplicación en la vida
cotidiana.
Esperanto
El Congreso sugiere
el estudio y la práctica del esperanto para las relaciones internacionales
y para ser utilizado conjuntamente con los otros idiomas empleados hasta
aquí.
(Carrara,1978)
[ inicio ]
ACTITUD DE LA I.F.A. FRENTE AL TERRORISMO, A LAS DIFERENTES
FORMAS DE VIOLENCIA, AL "MARGINALISMO" Y A LAS MANIFESTACIONES
"REVOLUCIONARIAS" FOLKLORICAS.
La Internacional
de Federaciones Anarquistas proclama, para los anarquistas, la libertad
de escoger todo medio de acción que no esté en contradicción
con los principios libertarios y las finalidades perseguidas por el movimiento.
Que sea individual, minoritaria o de masas, violenta o pacifica, reivindicativa
o revolucionaria, legal o clandestina, la acción anarquista debe
reflejar en ella misma la altura moral de los postulados fundamentales
del anarquismo.
El derecho, individual y colectivo, a la insubordinación, a la
revuelta y a la insurrección es imprescriptible e incodificable.
Es un hecho natural y espontáneo.
Los anarquistas, organizados en la I.F.A., que se interesan verdaderamente
por el problema de la revolución, es decir, la supresión
del privilegio económico, social y cultural, tienen conciencia
de que se emplazarán en una situación de violencia.
Para los anarquistas, existe un problema ético en la utilización
de una violencia que no puede confundirse con la fuerza pública,
legalizada por el poder del Estado y del Capital; no tiene equivalente
con la brutalidad que los referidos imponen diariamente y de forma sistemática
contra los individuos. Esta violencia del Estado, cuyo fundamento cultural
debe buscarse en el patriarcado, causa de otra violencia, encuentra su
expresión más consumada a través de la militarización
creciente de la sociedad.
La I.F.A. rechaza las formas de acción política fundadas
sobre la violencia ciega e innecesaria, la ausencia del respeto a la dignidad
humana de sus enemigos mismos y mucho más de los neutros e inocentes.
Denuncia toda forma de manipulación, violencia y terrorismo militarista
y estatal, que se profundizan con frecuencia en la acción de organizaciones
políticas, las cuales, hoy perseguidas y luchando en pro de causas
justas, aspiran la mayor parte de ellas, pos sus métodos e ideologías,
a constituirse en futuro poder de Estado.
El recurso a la lucha armada traduce la transformación de enfrentamiento
de clase en enfrentamiento militar, por una práctica de guerra
entre aparatos especializados, grupos armados y bandas represivas del
Estado. La extensión cotidiana de tales prácticas no demuestra
sus éxitos, al contrario, contribuye al refuerzo de medidas de
represión del Capital y del Estado, quienes después de hacer
pagar los gastos de la crisis a los trabajadores, hacen pesar sobre ellos
una represión acentuada. Y resulta suicida esta práctica
cuando no se ha trabajado por la creación de una capacidad ofensiva
en el movimiento obrero. Los anarquistas no creen que la propaganda por
el hecho, concebida como el despertar mítico de la conciencia del
proletariado siempre dispuesto a la réplica, pueda tener el menor
éxito. Si esta línea política se afirmara, no podría
más que profundizar el foso entre activistas y la población.
La radicalización de los enfrentamientos tiene su punto de partida
tras las grandes esperanzas suscitadas por las luchas de 1968-69, cuando
la creatividad popular chocaba contra el muro de su propia impreparación
a la autogestión, permitiendo el renacer de burocracias neorreformistas
de grupúsculos. La incapacidad de hacer la revolución "enseguida
y a no importa qué precio" ha llevado a numerosos compañeros
y militantes de izquierda o de extrema izquierda, a una práctica
cotidiana hecha de compromisos a la sombra de la política parlamentaria,
a un repliegue individualista del "dejad hacer", a un repliegue
basado en una concepción de clandestinidad. Esto es el fruto de
concepciones que sólo pueden conducir a un reformismo oportunista
o a un extremismo militarizado.
Decimos que es hora de empezar de nuevo la actividad del revolucionario
en el terreno que es suyo, en el seno de las luchas de los trabajadores
y paralelamente de darle cuerpo a la propaganda específica anarquista,
buscando hacer reconocer la profunda validez de nuestro pensamiento.
La solidaridad de los anarquistas significa ante todo defender a todos
los que combaten al Capital y al Estado, practicando correctamente la
crítica y no la calumnia hacia estos militantes. Solidaridad y
crítica son los dos aspectos de nuestra ética, porque somos
conscientes de que a partir de la liquidación física de
estos militantes, el Estado emprende el ataque contra todas las actitudes
antirreformistas y antiautoritarias.
Los anarquistas afirman que la revolución social es imprescindible
para la instauración de una sociedad sin clases, sin Estado ni
patriarcado, donde la violencia haya desaparecido. Por lo tanto, no creemos
que las clases dominantes renuncien a sus privilegios económicos,
sociales y culturales, sin que estén obligadas a hacerlo. El enfrentamiento
violento está por tanto inscrito en la fase insurreccional, violencia
que no puede ser mas que colectiva, como siempre han sido las revoluciones
pasadas.
En tanto que movimiento organizado, el anarquismo debe establecer una
estrategia de lucha, basada en la inteligencia, capaz de analizar con
lucidez las lecciones de la historia y la situación y devenir de
nuestra sociedad. En esto reside el interés fundamental del concepto
de acción directa, ya sea violenta o pacífica, medio de
acelerar la toma de conciencia de las capacidades de auto-organización
y de auto-emancipación colectivas.
Como Errico Malatesta, no estamos de acuerdo con los opuestos a toda violencia
ni con los compañeros partidarios de cualquier violencia. Ni aprobamos
ni condenamos en bloque toda forma de "terrorismo".
Estamos inducidos a constatar que estos actos terroristas son motivados
por otro terrorismo: el que hace prevalecer una clase dirigente sobre
el pueblo; constatamos igualmente que las consecuencias serían
negativas o nefastas sobre el movimiento obrero en general y el movimiento
anarquista en particular.
Pensamos que la práctica de la violencia revolucionaria no puede
ser comprendida y aceptada mas que cuando existe paralelamente un potente
movimiento obrero organizado y ampliamente partidario de las ideas libertarias.
Marginalismo
Marginalismo es un
término demasiado genérico. Es necesario que con este término
entendamos los fenómenos que abarcan una vasta capa popular compuesta
de jóvenes que, por su elección ideológica de vida
o por las condiciones objetivas en las que están obligados a vivir,
están situados al margen de la sociedad "oficial".
Los marginales no van más allá del rechazo de la sociedad
en la que viven, plantean solamente un problema de resistencia y supervivencia
en el plano individual, buscando refugio en fenómenos como la droga,
el misticismo, etc. Existen no obstante marginales que van más
allá de esta simple "resistencia" y buscan nuevos modelos
de vida, nuevos sistemas de comunicación, nuevos lenguajes y nuevos
métodos liberadores para remontar algunas de las miserias cotidianas.
En el primer caso, existe entre estos marginales potenciales revolucionarios,
si consideramos su práctica de rebelión y de resistencia
cotidiana. En el segundo caso, existe ya un embrión revolucionario
libertario.
Si el marginalismo no se plantea el problema esencial de la transformación
social, al menos aporta una enorme contribución al cambio en las
relaciones humanas.
(Carrara,
1978)
[ inicio ]
LA ORGANIZACION DE LA ECONOMIA EN UNA SOCIEDAD ANARQUISTA
O DURANTE LA ETAPA DE TRANSICION REVOLUCIONARIA HACIA LA ANARQUIA
Revolución social libertaria indispensable
La organización
de la economía con orientación y finalidad libertarias y
su desarrollo hace indispensable un cambio radical del sistema capitalista
y estatal y asimismo del llamado comunista de Estado imbuido de todos
los principios marxistas-leninistas. Este cambio implica necesariamente
abolir y superar ambos y asentar las bases fundamentales de la nueva economía
y de la sociedad anarquista o del verdadero socialismo en marcha hacia
ella.
Ni la sociedad anarquista ni siquiera la comunista libertaria se van a
realizar por arte de encantamiento en un día, ni de manera sincronizada
en el plano mundial, en una fase concreta de la historia universal. La
revolución social no será simultánea en todos y cada
uno de los países del mundo a la vez. Ni tampoco podrá ser
uniforme, a base de un tipo o patrón único, pues las condiciones
geográficas, climáticas, étnicas, demográficas,
de desarrollo industrial, de riquezas naturales, de existencia o no de
materias primas, de posibilidades agrícolas, de ambiente, mentalidad,
cultura, etc., influirán en las variantes constructivas de esta
revolución, bajo la influencia libertaria. Según su implantación
y los caracteres específicos señalados, el sistema aparecerá
en cada país con estructuras nuevas bajo perfiles y aspectos múltiples
y diversos, en una búsqueda incesante de perfeccionamiento y armonía.
Las características esenciales de la sociedad anarquista y de los
medios y procedimientos prácticos y eficaces para llegar a ella,
deben manifestarse clara y vigorosamente para prender en la realidad desde
hoy con miras a las eclosiones futuras.
La finalidad de la nueva economía libertaria y de la sociedad anarquista
debe ser la libertad y el bienestar de todos, en un medio de igualdad
social y de solidaridad humana.
Para realizar este fin se hace indispensable la desaparición del
Estado, así como toda dictadura, aunque se llame transitoria. Hay
que suprimir todas las instituciones autoritarias del capitalismo, la
propiedad privada, todas las formas de explotación y de opresión
del hombre por el hombre, las clases sociales, jerarquías, privilegios
y el salariado.
Aunque la revolución social en un país no puede ir, desgraciadamente,
en sus primeras fases, más allá de ciertas condiciones determinadas
que impondrán inevitablemente las características del proprio
país y los medios con que el mismo cuente en el momento que estalle
o se produzca aquella, al menos en el orden económico, pues la
economía globalmente considerada no se crea ni desarrolla en un
instante, desde el primer momento, imprimiendo su huella fecunda y su
voluntad realizadora firmemente definida, por parte de los anarquistas
se ha de tener la preocupación de plasmar en la realidad la máxima
esencia, realizaciones y desarrollo libertarios.
El lema debe ser: libertad, pan, vestido, vivienda, cultura y recreo para
todos. "De cada uno según sus posibilidades, a cada uno según
sus necesidades". Habrá que destruir y borrar todos los obstáculos
interiores que se opongan a la libre organización de la sociedad
nueva.
No se podrá contar mucho con la solidaridad revolucionaria mundial
apoyando la revolución social del país que fuere, sobre
todo si se presenta con tipología preponderante definidamente anarquista.
Toda ayuda de los bloques mundiales predominantes tenderá a la
satelización.
Además, hay que contar que en todo cambio revolucionario profundo
se produce un periodo de marasmo económico, de tanteo experimental,
de ajuste de las estructuras, y todo ello pone a prueba la capacidad revolucionaria
de un pueblo, sobre todo su capacidad de construir.
Asegurar la existencia
y el libre funcionamiento de la sociedad
Desde el primer momento
se hace necesario asegurar la producción, el abastecimiento, incrementar
al rendimiento, la productividad, sin explotar al hombre productor, sin
extenuarle, sin aprisionarle en normas de trabajo alienadoras.
El triunfo inmediato de la revolución social y su consolidación
y las fases futuras de su desenvolvimiento progresivo dependerá
en mucho de la propia capacitación social, económica, cultural
e ideológica de los trabajadores, de la que podríamos llamar
capacidad específica revolucionaria y libertaria, individual y
globalmente considerada. El factor esencial del orden nuevo debe ser el
hombre libre y consciente de sí mismo.
Ningún tipo de economía, desechando todo cuanto puede suponer
sistema capitalista estatal o comunista de Estado, es consustancial con
el anarquismo.
Nuestro fin es vivir en libertad y hacer todo lo posible para que todos
los seres puedan disfrutar de ella y gozar, en igualdad de condiciones,
de cuanto la Tierra, la naturaleza y el esfuerzo solidario de los hombres
pueda proporcionar a todos y a cada uno indistintamente.
Concepto del anarquismo
social
Por las mismas razones
nuestra concepción del socialismo integral es simple y no exhaustiva,
ni uniforme en sus posibilidades y modalidades de aplicación práctica.
Y si nuestras preferencias van hacia el comunismo libertario, como sistema
abierto y perfectible, no rechazamos absolutamente, aparte de los sistemas
burgueses y autoritarios, otras modalidades de organización social,
ya sean de tipo mutualista, colectivista, cooperativista, siempre que
quede excluida toda explotación del hombre por el hombre. La libertad
de experimentar diferentes sistemas económicos en una sociedad
en vías de transformación, según principios anárquicos,
se debe asegurar a condición de que una planificación libre
y federativamente elaborada, así como libremente aceptada, garantice
la producción de los bienes necesarios y el funcionamiento normal
de los servicios esenciales, a fin de satisfacer las necesidades de todos
según las posibilidades de la época.
Libertad de experimentación
La experimentación
y coexistencia de diferentes tipos de socialización: mutualista
(Proudhon), colectivista (Bakunin-Mella), comunista (Kropotkin-Malatesta),
cooperativista (no comercializados), a escala local, comarcal, regional
o nacional, puede ser posible, dentro del sistema libertario, salvaguardando
el principio anárquico esencialmente antiautoritario, fundamentalmente
autónomo y federalista. Y máxime si se entiende, como es
lógico, que la evolución humana y la de las formas sociales
no se estanca y que ninguna estructura económica podría
considerarse definitiva e inmutable. Crear siempre más libertad,
más bienestar, más abundancia de todo, mayor perfección,
y las más óptimas condiciones para el pleno desarrollo del
individuo, del grupo social, del conjunto humano, tal debe ser la orientación
y el fin de la sociedad anarquista.
Esbozos sociales
y económicos del pensamiento libertario
La economía
no puede desarrollarse sin base social. Y donde existe el ser o el grupo
humano, surge la sociedad, de la misma convivencia. Las necesidades de
la vida en sociedad hacen que los hombres se vean en la obligación
de buscar un principio regulador para hacerla al menos compatible. Es
preciso un pacto o contrato libre y conscientemente aceptado, y aplicado
de igual forma.
En la concepción anarquista -al menos en la que admite la base
organizadora por pacto libre- el comunismo libertario es el sistema mas
adaptado al desarrollo de una sociedad que quiere vivir sobre los principios
citados.
Base de la nueva
sociedad: la comuna libre
La idea de comunas
independientes para las agrupaciones territoriales y de grandes federaciones
de oficio para las agrupaciones con funciones sociales -ambas relacionadas
y prestándose apoyo para satisfacer las necesidades de la sociedad-
permite a los anarquistas concebir de una manera concreta, real, la organización
posible de una sociedad libre. No hay mas que añadir las agrupaciones
por afinidad personal -innumerables, efímeras o de larga duración,
surgiendo según las necesidades del momento y para todo lo imaginable-
agrupaciones que ya vemos surgir en la sociedad actual, aparte de los
grupos políticos y profesionales.
Estas tres maneras de agruparse, entrelazándose como una red, permitirán
la satisfacción de todas las necesidades sociales: el consumo,
la producción y el intercambio; las comunicaciones, la sanidad
y la educación; la protección contra las agresiones, el
apoyo mutuo y la defensa del territorio; en definitiva, la satisfacción
de las necesidades científicas, artísticas, literarias y
recreativas. Todo lleno de vida y siempre listo para responder a nuevas
necesidades y a las nuevas influencias del medio social e intelectual.
Si una sociedad de este tipo se desarrollara en un territorio tan amplio
y poblado que permitiera la necesaria variedad de gustos y necesidades,
se corroboraría que la coacción por la autoridad, sea cual
sea, sería inútil.
P.
Kropotkin: Ciencia moderna y anarquismo
La piedra angular
de la nueva organización social libertaria además del individuo,
del grupo, de la colectividad, del sindicato, es la comuna libre.
La comuna libre, constituida por todos y cada uno de los ciudadanos, puede
tener la función de coordinación social general, en el aspecto
simplemente administrativo, nunca un papel de poder o de institución
política, sino de servicio social, en el plano local. Sus funciones
deben ajustarse a aquellas resoluciones y decisiones que las propias asambleas
libres comunales hayan tomado de consenso mutuo. De la organización
comunal ha de desterrarse todo autoritarismo y toda burocracia.
Las federaciones comarcales, regionales y nacionales de comunas libres
podrán constituirse en el plano general de un país o zona
geográfica y étnica determinada, y confederarse internacionalmente.
La comuna no debe concentrar en sí el poder político, y
menos militar, que debe desaparecer absolutamente. Ni siquiera poder revolucionario.
Todo poder político debe ser abolido y nadie debe ejercerlo. Tampoco
debe haber en la comuna propiedad económica, que haga de su término
geográfico e histórico un coto cerrado o un feudo. Toda
comuna debe estar abierta a la solidaridad, practicarla y recibirla, basándose
en el principio de que toda riqueza natural, creada o fabricada, todo
producto, herramienta o material, es patrimonio común y permanece
a disposición de todos, siendo su usufructo regulado por las normas
colectivas establecidas por todos libremente.
Del sindicato
revolucionario y de sus funciones
El organismo que
en la sociedad socialista mejor puede asegurar la organización
del trabajo, es el sindicato de carácter sindicalista revolucionario,
constituido por los trabajadores libres de la industria, del campo, de
la mina, de los laboratorios, de los centros de investigación,
los de especialidades técnicas. Los sindicatos, agrupados por ramos
de industrias, en federaciones locales, comarcales, regionales, nacionales
e internacionales y administrando directamente, bajo su responsable control,
fábricas, talleres, campos, minas, puertos, institutos científicos
y tecnológicos, son organismos aptos para asegurar la producción
de todos los artículos y cosas indispensables a la sociedad y a
sus componentes, a tenor de las necesidades que se hagan sentir y se presenten,
persiguiendo el objetivo de crear la abundancia con la aportación
de cada uno al esfuerzo común, según sus fuerzas y capacidades
y sin explotación de nadie ni privilegio alguno. Todos los recursos
materiales, económicos y técnicos, los artículos
manufacturados, los productos agrícolas, ganaderos, de pesca, etc.,
habrán de ponerse a disposición de todos, por medio de los
organismos adecuados, para la distribución, el cambio y el reparto
más equitativos.
Las federaciones de sindicatos podrán formarse por categorías
de producción, ya sea industrial, agrícola, etc., o de servicios
públicos: correos, comunicaciones, transporte y demás.
La revolución social, con la desaparición de la burguesía
y de las estructuras capitalistas y autoritarias, deberá establecer
un nuevo orden económico, que implicará necesariamente otras
modalidades de trabajo, reajuste de fabricación, reconversiones
profesionales, especialidades distintas de producción.
Los sindicatos por profesión o industria tampoco habrán
de disponer de poder político ni de propiedad de fábrica,
de maquinaria o de productos elaborados. No se debe dejar germinar la
propiedad corporativa en la sociedad anarquista o comunista libertaria.
La autogestión ha de tener por base asegurar la mayor y más
racional organización del trabajo y la función productiva,
controladas por un elevado sentido de responsabilidad individual y profesional
consciente y voluntario.
Los comités o comisiones de autogestión de fábrica,
empresa, taller o colectividad productora serán nombrados directamente
por el propio personal ocupado en las mismas estando sujetos a renovaciones
periódicas y siendo revocables en todo momento.
La burocracia debe desterrarse de los comités y de todas partes.
Al mismo personal técnico no ha de conferírsele en ninguna
circunstancia, categoría de mando.
Nos manifestamos contrarios a admitir el principio de "todo el poder
a los sindicatos", como el de concederlo a cualquier persona técnica
o especializada, encargada responsablemente de un trabajo, quien deberá
considerar a los demás trabajadores en un plano de igualdad moral
y efectiva, como hombres y como productores, cooperando en las labores
de una empresa común al servicio del bien general.
Sobre el salario
o remuneración
Si los anarquistas
nos hemos fijado como finalidad el suprimir la explotación del
hombre por el hombre, el abolir las clases y el salariado, lógicamente
no podríamos pronunciarnos por el mantenimiento de un tipo de salario
o de categorías salariales por el trabajo efectuado.
Indudablemente son muchos y numerosos los problemas que supone la supresión
del salario. Y buscar procedimientos de remuneración por concepto
de trabajo o unidades y especialidades del mismo, tampoco sería
una solución libertaria y todavía menos compatible con un
alto sentido de justicia y de solidaridad humana.
Partiendo de este razonamiento, nos manifestamos partidarios de la aplicación
del principio "de cada uno según sus posibilidades, a cada
uno según sus necesidades", considerando que el trabajo de
cada uno le da derecho a la satisfacción de sus necesidades personales
y a procurarse libremente el abastecimiento de cuanto sea indispensable,
en los almacenes, cooperativas o centros de distribución común.
El hecho de ser trabajador o productor -como los enfermos, inválidos,
ancianos o niños- dará derecho a beneficiarse de todos los
servicios comunes. La socialización de los mismos, como también
los de la vivienda, sanidad, espectáculo y recreo, ha de considerarse
como una de las fórmulas más accesibles para atender este
objetivo.
Cada ser humano válido debe tener asegurada una plaza, un empleo,
en la organización común o colectiva del trabajo. Es un
derecho inalienable e imprescindible reconocido y establecido por la sociedad
anarquista, por la nueva organización social comunista libertaria.
Distribución
y consumo
El fin de la organización
social que defendemos y preconizamos, no debe ser el beneficio o el provecho
industrial o comercial, manipulado o monopolizado por un grupo, clan,
entidad u organismo cualquiera, sino el bien común, dentro de la
federación o asociación de comunas libres y solidarias.
Por otra parte entendemos que las formas y mecanismos económicos
de la sociedad anarquista no deben encajarse en una rígida armadura,
en un régimen monolítico y de estructuras inamovibles.
Respetando el principio fundamental de no explotación del hombre
por el hombre, de comunidad de riquezas, bienes, tierras, máquinas
y productos, todo ha de ser puesto a la disposición, consumo y
utilización individual y común.
Y así la libertad, el pan, la cultura y la independencia dentro
de la unión solidaria quedarán mejor garantizados y asegurados
para todos.
La distribución general coordinada y detallada de productos agrícolas
y manufacturados podrá ser asegurada por las asociaciones o federaciones
de consumidores, mediante almacenes de abastecimientos y suministros al
por mayor, donde los sindicatos de producción y colectividades
podrán suministrar y depositar los productos, y por medio de las
cooperativas de consumo y de los economatos o centros calificados para
la distribución al consumidor, exentos de todo mercantilismo.
Organismos de
la revolución: las colectividades
Las colectividades
de producción, y hasta las mixtas de producción y consumo,
sobre todo en el medio rural, pueden ser también un factor importante
entre los medios eficaces de asentamiento de la nueva economía,
como organismos vitales funcionando sobre el principio de libre cooperación
en la nueva economía solidaria, sin mercantilismos ni competencias.
Hasta la fecha, experimentalmente, como ejemplo práctico y eficaz
de realización colectivista-comunista, puede ofrecerse el de las
colectividades de tipo libertario durante la Revolución española,
en una situación dada de trascendental realismo histórico,
manifestándose como organismos eficaces para asegurar el desarrollo
económico de un pueblo, sobre todo porque funcionaron vinculadas
a los sindicatos y demás organismos comunales, complementarios
unos de otros y atendiendo las necesidades económicas y sociales
de la nueva sociedad.
Consejos económicos
y sociales
Para completar las
informaciones y las acciones necesarias para el buen funcionamiento de
esta economía, se pueden añadir a estas colectividades consejos
de economía de ámbito local, regional y nacional. El conjunto
desembocaría en el consejo general de la economía nacional
federada. Estos organismos permitirán una organización más
perfecta, una mejor coordinación de las informaciones sobre experiencias
nuevas y mayores posibilidades para el desarrollo económico y la
explotación de nuevas riquezas en común.
Los consejos económicos no tendrán mas que un carácter
consultivo y de investigación, jamás ejecutivo.
Los componentes de estos consejos, que podrían ser denominados
consejos sociales y económicos, serán designados con carácter
temporal y revocable. Podrán ser elegidos por la comuna, los sindicatos,
las cooperativas y centros de consumo, los organismos técnicos
y culturales.
Podemos citar los siguientes consejos sociales y económicos: alimentación,
vivienda, vestido, producción, agricultura, minería, pesca,
transporte, comunicaciones, prensa, ediciones, industria metalúrgica
y siderúrgica, agua, electricidad, energía, industrias químicas
y los diversos ramos del vidrio, la cerámica, la madera, la construcción,
la sanidad, la cultura, artes y oficios, ciencia, investigación,
técnica, intercambios, relaciones exteriores, importación
y exportación. Todos estos consejos conforman, con sus diversas
ramificaciones y sin ningún tipo de centralismo, un consejo general
de coordinación y solidaridad.
Este consejo funcionará de abajo a arriba y sin ninguna función
ejecutiva.
Por descontado que esta lista de posibles consejos no es definitiva: según
las necesidades de las diversas especialidades se crearán los consejos
oportunos; todo de común acuerdo entre los interesados, directamente
y sin ninguna imposición.
Consideraciones
generales
Al esbozar esta serie
de fórmulas lo hacemos con la preocupación principal de
evitar las influencias y reminiscencias autoritarias, las tendencias centralizadoras
y el deseo de dar a la libertad, a la autonomía, contenido viviente,
estructurado, funcional, práctico y estimulante para un progreso
incesante.
Tomamos al ser humano como fundamento de la dinámica social, considerándolo
como unidad autónoma asociado voluntariamente a la comunidad.
En las etapas de realización del comunismo libertario, cuando la
producción todavía sea insuficiente, será necesario
regular la distribución lo más racional y justo que sea
posible.
Durante cierto tiempo se puede mantener un sistema de remuneración,
siempre que sea igualitario, ya que si no resurgirían el egoísmo
y la desigualdad y, a la larga, se caería en la injusticia, el
rencor y volvería la desigualdad.
La existencia del dinero, tan controvertida, debe acabar. Con el establecimiento
de un sistema de bonos se evitará la centralización de un
organismo de tipo bancario. Estos bonos, emitidos por la comuna, no deben
tener un valor de adquisición general.
Hay que evitar la acumulación, de la naturaleza que sea. Acumulación
de una comuna, de una colectividad o de una empresa poderosa, una región
más desarrollada, así como la centralización y el
monopolio.
Cuando se haga sentir la necesidad de un plan económico general,
no se podrá realizar más que por el acuerdo de todas las
partes interesadas. Pues si la voluntad general se manifiesta y se impone,
con la omnipotencia de un poder eficaz e indiscutible, se crearían
las condiciones para que se diera un nuevo régimen de opresión,
surgiendo la revuelta como reacción defensiva inevitable.
La sociedad debe ser como un organismo vivo en el que todos los órganos
cumplen sus funciones para asegurar la vida. Pero con la diferencia esencial
de que en este organismo social el hombre se manifiesta de forma autónoma,
contribuyendo con su individualidad a enriquecerlo, a darle vida y conciencia
con su inteligencia, su razón y sus conocimientos; dándole
un desarrollo armonioso y creciente.
Lejos de nosotros la idea de definir de manera inmutable las bases sociales,
éticas y económicas del anarquismo. Nuestras definiciones
escapan al menos de un gran peligro: no utilizamos la palabra política
a causa de las confusiones que puede provocar.
Sabemos que la historia no sigue una línea continua ascendente
sino que avanza de forma discontinua resolviendo sus contradicciones.
Las formas sociales y el desarrollo del pensamiento humano pasan y se
renuevan sin parar.
La propia dialéctica de la vida crea el germen que hace avanzar
a la humanidad.
Conscientes de ello, nosotros, anarquistas, luchamos por los logros sociales
y mantenemos vivo y activo el espíritu revolucionario. No trazamos
límites a este desarrollo.
(Carrara,
1968)
[ inicio ]
DINAMICA TECNOCIENTIFICA DE LA PRODUCCION EN EL PLANO
ECONOMICO Y SOCIAL (PAPEL DE LAS MULTINACIONALES), EN RELACION CON LA
LUCHA CONTRA EL CAPITALISMO Y EL ESTADO Y LA SOLIDARIDAD DE LOS OBREROS
EN EL MUNDO
El Congreso de la
I.F.A. confirma las causas originales de los problemas sociales que el
anarquismo denunció en todo momento.
El empleo de nuevos términos y conceptos correspondientes a la
nueva evolución de las técnicas no significa en modo alguno
que haya habido ningún cambio en los orígenes y evolución
de la crisis social permanente de la sociedad capitalista y del Capitalismo
de Estado.
Nuestro análisis confirma la vigencia de los principios básicos
de la lucha que el anarquismo mantiene, así como sus tácticas
de combate contra la alienación permanente del ser humano.
Producción
de los bienes de consumo
La ciencia y la técnica
no pueden, solas, condicionar la totalidad de las estructuras internas
de una sociedad. Sin embargo pueden intervenir como un factor material
determinante en la formación de las clases y de sus luchas.
Si el elemento tecno-científico principal del siglo XIX fue la
máquina del vapor, hoy estamos asistiendo a la intervención
progresiva de otros factores materiales que nos obliga a considerar alguno
de los conceptos que teníamos de la sociedad burguesa. Tenemos
cada día una conciencia más clara del cambio de forma (no
de esencia ni de fondo) de las presiones, de las enajenaciones que sufrimos
en nuestra vida cotidiana.
La categoría técnica que se sustituye a la máquina
de vapor como eje en torno al que se articula la estructura de la sociedad,
se definen los grupos sociales, es la electrónica, elemento central
de la producción de las riquezas materiales, sustituyéndose
por ejemplo a la imprenta, instaura el reino de la imagen y de la palabra
televisada, creando así para una ideología dominante nueva,
un medio de difusión. Con la utilización de la máquina
electrónica se pueden delimitar tres conjuntos sociales en función
de las relaciones que se establecen con ella.
1°) El conjunto de los que utilizan el computador electrónico.-
La complejidad técnica y la extremada especialización que
implica su utilización ha condicionado la aparición de un
grupo social específico: los tecnócratas. Hijos de la burguesía
o del proletariado, indiferentemente, formados por el Estado en sus escuelas
especializadas, son los que dirigen, "programan", planifican
el conjunto de la producción ya que son los únicos en dominar
completamente las computadoras. Son ellos los que dan la totalidad de
las directivas que rigen, en los niveles inferiores, la producción:
en consecuencia son ellos los que ejercen el poder activo, real, sin poseerlo;
en efecto, si saben utilizar el computador electrónico (mediatización
moderna del poder) no lo poseen.
2°) El conjunto de los que poseen el computador electrónico.-
Capitalistas en el sentido clásico del término, ya que son
propietarios de los medios de producción, son sin embargo, totalmente
diferentes de los burgueses de las épocas anteriores. Completamente
anónimos, poseedores del capital, en migajas, con "acciones"
de sociedades o bancos, no intervienen en ningún nivel decisivo
de la producción. Si siguen poseyendo el poder, no lo ejercen.
Su potencia tiene origen en la posibilidad que tienen de barrer en todo
momento al equipo tecnocrático que ejerce el poder.
3°) El conjunto de los que obedecen a los computadores.- Compuesto
por los proletarios en el sentido estricto de la palabra, este grupo reúne
a todos los que ejecutan órdenes transmitidas, codificadas y racionalizadas
por los computadores. Lo que les diferencia esencialmente de los proletarios
del siglo pasado es la ausencia de relación personal en los antagonismos
sociales. La división del trabajo ha despersonalizado la lucha
de clases.
Observaciones
sobre el papel de la tecnocracia en el terreno social
Materialmente, la
tecnocracia está totalmente integrada en el ciclo de la producción.
Asimismo puede considerarse que el técnico es, como el último
de los braceros, un proletario, ya que se encuentra en la imposibilidad
de ejercer el menor poder sobre el fruto de su trabajo y el empleo de
su vida. Sin embargo su nivel cultural, las posibilidades económicas
de que dispone y la propaganda de la ideología dominante le inducen
a pensar que es un miembro de ésta o por lo menos un aliado de
la clase dominante. La tecnocracia se encuentra pues, objetivamente, en
un estado de subdeterminación social ya que, por otra parte dispone
de un nivel de vida incomparablemente superior al de los obreros. El trabajo
del proletariado consciente es el de convencer a esta clase intermedia
de su condición esencialmente proletaria, señalándole
el carácter real de su alienación e ilusorio de su bienestar.
Este proceso de proletarización de una parte de la tecnocracia
ha podido verse en el Mayo parisino y en el "malestar de los cuadros".
Está claro que el capitalismo, hoy como ayer, intenta por todos
los medios dividir a sus explotados para lograr sus fines. De no realizarse
esta unión entre obreros y técnicos, los conflictos sociales
se limitarán a una lucha entre estos dos grupos dejando en paz
a sus enemigos comunes: el capitalismo y el Estado. La tecnocracia vendría
a ser así un dique de contención para la clase dominante.
Sobre el papel
de la burguesía
La clase burguesa
existió antes que el Estado |